martes, 26 de noviembre de 2013
Roof
"Y estaba decidido, decidido a que podía volar. Había visto tantas veces a otros caer... pero ellos no soy yo. Ellos dudaron. Dudaron y cayeron, para firmar con sangre la carta que asegura que es imposible. Pero no lo intentaron como corresponde. Cayeron. Ya estoy aquí, de pie al barranco, 50 pisos, día de primavera, atardecer cálido, tumulto de personas, ruido y gases vienen de allá abajo. La gente se ve como hormigas, hormigas domesticadas, sin correas ni mensajes químicos. Un mundo de alquitrán. Volaré de todo esto, y volveré a decir adiós, después. Mis pies se acercan al precipicio, siento mi estómago revuelto. Ha de ser algo propio del hombre, algo como sacar la mano de una llama. Algo como gritar, como correr. Como estar frente a volar. Salté, y mi cuerpo deslizándose en la velocidad de la tragedia fúnebre me recordó que al final era uno más, uno más entre muchos, y por esto fui un recordatorio más marcado con sangre en el pavimento. Volé y no pude despedirme, al final no tenía de quién. Al final, sabía que no podría, sino hasta ahora, que mi cuerpo es un fetiche social adentro de una cama de madera".
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario