martes, 12 de noviembre de 2013

Estallido.-

¿Quién puede volar
si no es en el aire?


Pasan minutos
          sesenta
veinticuatro veces.

Primero, se escucha el ruido familiar de ese estruendo lejano.
Luego, el sonido sordo de una intromisión repentina en la superficie.
Otra intromisión

Un pájaro más.
Ha caído un pájaro más.

Desciende como en cámara lenta,
como si el tiempo disfrutara de su agonía
como si ese quejido rendido que emana su cuerpo, fuese eterno
como si el devenir no quisiera liberarlo de su realización:

                                 La muerte


Pasan horas,
      veinticuatro
treinta veces

Tú, y yo.
Dos cadáveres en el fondo de este abismo,
el uno 
frente
al otro:

íntimos confidentes del silencio

Me veo 
en tu mirar
        estático
        ausente
        perdido

¿Era ésto el paraíso?
¿Este montón de música difusa,
la interminable mezcla de azul y carmín?

¿El apacible ir y venir de una corriente
que nos acaricia sólo a nosotros,
los inertes, los alguna-vez-aéreos,
en nuestro catatónico estado de desposeídos?

La continua burla.


Pasan días
     treinta
doce veces

¿Te verás tú en mi mirar?
Nunca respondes...

Siempre tú y tu expresión inmóvil
siempre yo y mis preguntas

Sucede que me es inevitable recordar aquellos tiempos en que éramos 
libres

¿Recuerdas?

Cuando por las mañanas volábamos hacia las montañas
y le cantábamos al alba
y el Sol nos abrazaba con su baño dorado

nuestro regocijo

¿recuerdas?


Pasan meses
     doce
indefinibles veces.

Silencio


Desintegración



        Soledad.-


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