lunes, 11 de noviembre de 2013

En espera.

De pronto cesó la vorágine,
y se impuso la calma,
y los días se fueron acabando lentos y solitarios...
y ya no sé para qué siguen corriendo las gentes, 
y tampoco para qué yo estoy tan quedo y en silencio,
y ahora sufro menos, por que todo es menos importante,
y como no corro a ninguna parte, nadie me ve, 
y como no alcanzo a nadie, nadie me escucha, 
y no sé si eso es bueno o malo, si tengo que hacer algo, 
o si tengo que sentarme y esperar el fin,
en la esperanza de que luego de la vida no haya nada más.

PeB.

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