martes, 19 de noviembre de 2013
Los estáticos venenosos
Se habla frecuentemente de unos extraños seres que abundan en nuestro país. No se habla bien de ellos, tampoco yo lo hago. Percibo de ellos que son poseedores de una extraña naturaleza que por lo mismo aún no comprendo bien, su gusto parece recaer cual pesada y fría piedra en el no avance de las personas, les encanta cuando éstas se estancan. Sucede que todos caminamos, hacia delante o hacia atrás, hacia el lado, hacia arriba, en círculos, da igual, movemos los pies. Pero cuando se trata del tránsito mismo de la vida hay otro fenómeno menos extraño que también ocurre, y que he ido entendiendo mejor. Pasa que la gente suele caminar toda junta, como una masa uniforme, como vacas humanas que caminan entre dos carriles invisibles desde los corrales al matadero, que también son invisibles. Me figuro a esos seres extraños como parte de estos carriles que permanentemente insisten en mantener a las vacas caminando rumbo a la muerte, rumbo a su destino de vida, a cumplir el objetivo por el cual fueron concebidas a propósito. Estos seres tienen largos brazos y filosas uñas, y los utilizan para tomar y devolver a la masa a todo aquel sujeto que decide no morir, a todo aquel que decide ir por paisajes distintos. A estos engendros los llaman chaqueteros y hay bastantes por estos lugares, fíjese en por qué nos guardamos las buenas ideas, en por qué muchas veces decidimos no comunicar eso que parece algo loco (o lo comunicamos con otro nombre) pero que solo es loco porque no es común, o en por qué otras tantas veces ni si quiera nos atrevemos a intentar eso que nos despierta la atención. ¿Por qué habría de dársele importancia a estos venenosos?, ¿Por qué habrán de existir, si como carriles ni si quiera avanzan?
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