Tanto tiempo temeroso de los insectos. Tanto tiempo intentando esconderme de su existencia omnipresente y, sin embargo, sigo vivo. ¿De qué me sirve, entonces, haberme limitado y reprimido del contacto de la vida, como si la vana superstición del profiláctico fuese a evitar que una cascada de niños nazcan al alba?. Estando mi piel tensa, no lograré que el veneno no penetre a mi sangre, sino que sólo conseguiré empantanar mi iridiscencia . He, pues, de derramarme ante lo que sea que haya de venir, sonriéndole al presente, liberándome de mi cárcel; volando a la vida.
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