La encontré. Encontré tu sonrisa, pero en otra boca. Esa ancha, gigante y coqueta, que me encantaba y que me encantaría volver a provocar. La vi, me sorprendió, la reconocí, y la extrañé.
Todavía no encuentro tu mirada, ni la alegre, ni la culpable, ni la triste. Tampoco esa mueca, mezcla de tristeza y perdón. Un perdón implícito que rectifica el verbalizado.
Quizás nunca la encuentre en alguien más porque la veo en ti cada vez que me miras. Triste, culpable, nervioso, distante.
Quizás es lo mejor, solo quizás, solo por ahora. Así yo entiendo de una vez en el centro, porque arriba ya está resuelto, que ya nada más, que se acabó.
Después de todo no eras tú sonriendo, era tu sonrisa infiltrada en otra boca.
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