domingo, 22 de diciembre de 2013

Adiós.Huir.



Yo y mi oscuridad somos parte de un uno. No le encargo nada, nada me exige, nada le obligo y no tengo que cumplir entonces ninguna obligación para con ella. No necesito nada más que ella, y tal vez tú fuiste la manifestación de esa oscuridad, tan pestilente y desconocida hasta ese momento para mi como tu esencia. Consideré que era lo mejor a lo que podía optar. Pero aquel cisne negro creció, y ahora que eres hermosa como las flores blancas que me gusta cada sábado mear cantándole a la luna, no tienes el mismo valor para mi. Porque esa vanidad intrínseca, percibida, inexistente quizás… te quita de mi marchita alma. Y entonces es que ya no perteneces a mi mundo, entonces es cuando quedas atrás, cuando la luz te atrapa, cuando la luz que me persigue incesante me atrapa. Debo dejar de encandilarme en ella seguir mi camino, corriendo vertiginoso por el bosque inundado por la suave neblina, en esta hermosa noche de luna llena en la que los recuerdos por antonomasia desaparecen, donde antonomasia es un monstruo que les devora y por eso… por eso sigo corriendo. Corriendo de la luz y la anomia, de las falsas luces de la noche, de los grifos de luz anaranjada y somnolienta, elicitadora de desgracias.

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