miércoles, 8 de enero de 2014

Tormenta


Desesperada en las manos del tiempo, me descubro, me veo, de la misma manera que temía (en algún momento) llegar a verme. Me siento frente a mi vida y, entre miradas, sé que lo que me molesta estará presente, presente por la eternidad, mientras no quiera olvidarlo. Y no lo olvido porque no lo consiento, no lo entiendo, no lo quiero entender; me cansa, me tiene con la vista perdida en el diluvio desesperado de mis sentimientos.
Y voy con rapidez, no avanzo, camino por el pasillo que da al centro de mis desdichas, y sigo viendo el mismo punto, desgraciado, oscurecido.
Escribo con mi sangre las palabras que no volveré a leer, corrompo con mis lágrimas las ideas que entrelazan el camino, las deshago, suprimo mi chance de volver atrás. Y sigo en el mismo lugar. No me digas nada, no me susurres que me quieres si no es cierto, no, no me hables. El lugar es lo bastantemente inestable para dejar que me nubles la vista, sin embargo lo haces, lo quieres hacer, no importa ya.
No tengo las respuestas de mi propia vida, no encuentro la salida de las dudas; quiero salir, quiero irme, cerrando las puertas de lo que sé y perderme en lo que sabré luego, ahogarme en mi ignorancia, cortar las venas de mi alma, desangrarme lenta y cadenciosamente…
Tus ojos iluminan lo poco que me queda, eres la intermitencia de mi vida, y te odio. Y entierro mis uñas en la palma de mi mano, pierdo el control porque no sé, no sé lo que eres, no percibo verdad en lo que oigo, no veo sentimientos en tu alma, lo que es absolutamente inaudito. Es posible que quieras hundirme, ¡y no logro leer tu mente! ¿Cómo esperas que me salve (si esperas que lo haga), dejándome fuera de ti, dejándome atrás?
Comprimida en mí, me limito a sonreír, pues estoy feliz, pero oscura dentro.

Estoy apagándome, muriendo, sigo esperándote y eso me mata más rápidamente. ¿Quieres, verdaderamente, que me salve? Pues ven y responde lo que no has dejado que entienda. Deshaz las amarras que alguna vez ataste a mi alrededor, derrumba la muralla que construimos juntos, para no tener contacto. Sé que hay algo mío, entre todo, que sigue vivo en tu mente... déjalo salir.

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