La sangre se torna más densa,
como cargada de un extraño metal pesado
de un color que no es uno
sino que es un momento entero.
El momento previo a que las nubes
con sus hermosos diseños
que solo pueden ser obra de quién sabe quién
completen el cielo en su totalidad.
Cargándose más a cada instante
como lo hace mi sangre ahora mismo
y volviéndose más oscuras pero jamás negras.
Un metal frío, que brota cada cierto tiempo
y que solo ella puede diluir como es debido.
Aunque ella sea la que lo provoca todo, no con intención
-consciente-
claro está.
Pero de igual manera, mi amor.
Mi vida comienza a saturarse cada día más con estas paradojas
como esas nubes casi negras.
Y es casi divertido
como siempre se sabe cuando parar antes de que todo precipite.
La batalla por lograr comprender ese momento
al menos yo, la di por perdida.
Explosiones de amor en un mar de incomprensión. Al final el amor debiera superponerse a la inconsciencia, no? La mano es la comunión constante
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