“Cada mañana entramos al campo de concentración del transporte público. Acá nada es gratis: por viajar nos cobran un cuarto del sueldo por el que viajamos, y pagamos hasta los gramos de tranquilidad con los que despertamos. Veo enojos, veo tristezas, veo decepciones y desesperanzas. Por suerte aun los veo a ellos, los traficantes de sonrisas, los que siguen dando vida aunque este prohibida la cultura o la comida.”
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